Más allá de la “ola de calor meteorológica”
Con la llegada del verano y las primeras altas temperaturas registradas en distintas zonas de España, vuelve a cobrar relevancia una cuestión fundamental para la salud pública: ¿cómo afectan las olas de calor a nuestra salud y cómo podemos anticipar sus consecuencias?
Una investigación del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha demostrado que analizar únicamente los factores meteorológicos resulta insuficiente para comprender el verdadero impacto de las olas de calor. El estudio concluye que la relación entre temperatura, salud y mortalidad ofrece una visión más precisa de los riesgos asociados al calor extremo, ya que incorpora variables como la vulnerabilidad de la población, las condiciones socioeconómicas, la calidad de la vivienda o la existencia de espacios verdes urbanos (ISCIII, 2024).
Los expertos analizan datos de mortalidad y temperatura en 182 zonas isoclimáticas de España, observando que en más de la mitad de ellas los umbrales de riesgo para la salud se sitúan por debajo de los utilizados habitualmente en las definiciones meteorológicas de ola de calor. Esto sugiere que los impactos sanitarios del calor podrían estar infravalorados cuando solo se consideran criterios climáticos tradicionales (ISCIII, 2024).
Para vigilar estos riesgos en tiempo real, el Centro Nacional de Epidemiología (CNE-ISCIII) dispone de dos herramientas centrales: MoMo (Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria) y Kairós. Ambos sistemas permiten estimar posibles incrementos de mortalidad asociados a las altas temperaturas y atribuibles al calor, ofreciendo información actualizada por comunidad autónoma, provincia, sexo y grupos de edad.
Estas herramientas forman parte del Plan de actuaciones preventivas sobre altas temperaturas y salud del Ministerio de Sanidad. Sus estimaciones constituyen una herramienta de vigilancia epidemiológica y alerta temprana que ayuda a orientar las actuaciones de salud pública. De este modo, el valor de las estimaciones estadísticas reside en que permiten detectar con rapidez situaciones de riesgo y facilitar una respuesta preventiva ante episodios de calor extremo.
Comprender, desde la evidencia científica, cómo el cambio climático y las temperaturas extremas afectan a la salud es fundamental para desarrollar medidas eficaces de prevención y adaptación. El aumento de las olas de calor incrementa el riesgo de enfermedad y mortalidad, especialmente entre las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas y otros grupos en situación de vulnerabilidad. Entre las principales medidas preventivas destacan mantener una hidratación adecuada, evitar la exposición al calor durante las horas centrales del día y permanecer en espacios frescos y bien ventilados. Estas acciones contribuyen a reducir los riesgos asociados al calor extremo y a proteger la salud de las personas más vulnerables.